Se empieza a enchinar la piel. Y el miedo disfrazado de ansias se empieza a manifestar. Se viene el silbatazo inicial y el mundo entero fija su mirada en el continente negro. 32 selecciones nacionales con la responsabilidad de darle alegría a su gente. Ya sea con un empate, un gol o una copa mundial. Dependiendo de las posibilidades de cada quién. En el caso de México, mi
país, se busca ya no digamos el quinto partido, sino cambiar la historia de una vez por todas. Voltearle la cara a ese historial derrotista que parece eterno. Cada cuatro años volvemos a creer. O más bien a caer. A enamorarnos. Así es nuestra relación con el equipo de todos. Cada cuatro años vivimos la pasión, la decepción, el despecho, el perdón, y las segundas oportunidades. Hoy volvemos a creer en El Tri. Y estamos dispuestos a que nos rompan el corazón una vez más a cambio de esa raquítica posibilidad de poder romper con ese estigma que nos ha perseguido toda la vida. El 11 de Junio quedan atrás la corrupción de nuestros federativos. Los nombres de los jugadores que no estuvieron en la lista final. El cigarrito de Cuauhtémoc en la concentración. El 11 de Junio soñamos juntos. ¿Quién nos puede culpar? Si lo
único que queremos es saber qué sienten los Argentinos y los Brasileños cuando celebran sus victorias. Por lo menos una vez. No parece tanto pedir. Pero el fútbol no regala nada. El fútbol es de merecimientos. Y si queremos dejar de ser el México que hemos sido, hay que jugar como el México que queremos ser. Pítale arbitro, pítale. Ya le estamos, dimos, dando.
Tuesday, June 1, 2010
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